
Kevin Carter fue un fotógrafo sin mucho éxito profesional. Después de ser rechazado en varios periódicos, viajó a África a denunciar el hambre en el mundo. Sin embargo, ninguna de sus fotografías era aceptada. Una tarde, volviendo a su hotel, vio en una aldea a una niña desnutrida, agonizante, y la fotografió. Cerca de la niña estaba su madre, muerta, y al lado un buitre expectante. Después de hacer varias fotografías, Carter abandonó el lugar.
Una de esas fotografías fue portada del “New York Times”, y el periódico le contrató. Un mes más tarde, en 1994, Carter ganó el Pulitzer. Dos meses después, se suicidó.
Pero, ¿por qué se suicidó Carter? ¿Por qué no ayudó a la niña? ¿Y por qué le dieron el Pulitzer?
La respuesta a la primera pregunta quizás sea relativamente sencilla. Probablemente, Carter se suicidase porque no pudo soportar el peso de no haber ayudado a la niña, porque su conciencia no pudo perdonarle su error.
Y eso nos lleva a la segunda pregunta. Carter no ayudó a la niña porque no supo mirar por los demás. Porque prefirió conseguir una instantánea de la muerte de esa niña que salvar su vida. O quizás fuese por otra razón. Quizá Carter había pensado que la muerte de esa niña involucraría más al mundo en la lucha contra el hambre, que la muerte de una sola niña podría cambiar las cosas. Pero si creyó esto, se equivocó. La muerte de una niña no pudo cambiar una sociedad materialista, hipócrita y egocéntrica. Probablemente, la fotografía arrancó lágrimas de muchos ojos; posiblemente, despertó la indignación de otros. Pero eso fue todo. No hubo grandes movilizaciones, ni se desató una lucha masiva contra el hambre. Nada.
Y sin embargo, Carter ganó el Pulitzer. ¿Por qué? ¿Era tan buena su fotografía? ¿Merecía realmente el Pulitzer? Probablemente hubiese fotografías mejores, con mayor calidad técnica. Pero en la fotografía de Carter no importaba el encuadre, el punto de vista o la iluminación. No importaban estas características técnicas. Lo que realmente era trascendente, era la carga emocional que conllevaba la instantánea. Importaba la denuncia del hambre, la cruda representación de la realidad. Importaban, en fin, todos los actos que conllevasen que una muerte como la de esa niña se evitase. Importaba que esa fotografía consiguiese que hubiera personas (aunque solo fuese una) que reflexionasen sobre la muerte de esa niña e intentasen que no volviera a suceder algo así. Por eso Carter ganó el Pulitzer. Porque no importaba la fotografía. Importaba la realidad. Una realidad que todavía hoy sigue latente en nuestra sociedad, a pesar de que muchos se niegan a reconocerla.
6 comentarios:
ese es un asqueroso sin escrupulos ... ha y no pongas cosas de clase, jajajajja
La anécdota es de clase, cierto, pero la crítica es mía, y, haciendo uso de mis derechos de autor la cuelgo donde me da la gana... (vaaaaale, donde NOS da la gana) XD
Por cierto, "ha" no se escribe así, sino "ah"...
Saludos asquerosos y sin escrúpulos (con acento, capullo)
Felicidades Raiton :) por lo de tu cumple, claro :D Soy yuhka ^_^U la de pepinillo.
Otra cosa, me gusta tu blog. :D
la sociedad no cambia
y si lo hace, normalmente es para mal u.u
oye, ya tengo abierto el blog de los relatos, solo falta que la gente se vaya uniendo
sobrelalineadepuntos.blogspot.com
hay que tunearlo un poco y esas cosas
tengo pensado abrir un apartado en la columna de la derecha para cada uno de los colaboradores, para que sea más fácil acceder a sus relatos
si quieres me das el mail que utilizas para el blog y te mando la invitación
Perdona, llevaba mucho tiempo sin entrar por aquí (se nota, ¿no? :P)
Te paso mi dirección por un mp en el foro de la espada, ¿ok?
Un saludo
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